Una merecida Distinción

CORRESPONDENCIA
Una merecida Distinción
Por José Luis Castillo
La distinción conferida por la Universidad Autónoma de Tamaulipas al secretario de Salud federal David Kershenobich Stalnikowitz a través del Doctorado Honoris Causa, trasciende el protocolo universitario para convertirse en un mensaje de profundo contenido institucional, académico y humano. No se trata únicamente del reconocimiento a una brillante trayectoria médica y científica, sino de la reivindicación de una visión de país donde el conocimiento, la salud pública y el humanismo deben ocupar el centro de las decisiones nacionales.
La ceremonia celebrada en Tampico adquiere un significado especial por la presencia del gobernador Américo Villarreal Anaya, quien no solo acompañó el acto como jefe del Ejecutivo estatal, sino también como un hombre formado en la medicina y conocedor de los desafíos que enfrenta el sistema de salud mexicano. Su participación otorgó al evento un carácter de coincidencia histórica entre la academia, el servicio público y la vocación humanista.
La UAT, encabezada por el rector Damaso Anaya Alvarado, honra con esta distinción a uno de los médicos más reconocido del país, cuya trayectoria en investigación clínica, hepatología y fortalecimiento institucional ha dejado huella dentro y fuera de México. Pero, además, la Universidad reafirma su compromiso con una educación superior vinculada a las grandes causas sociales, particularmente aquellas relacionadas con la salud, la ciencia y el bienestar colectivo.
Resulta significativo que el propio Dr. Kershenobich haya recordado su vínculo personal con Tampico y su formación humana en esta tierra tamaulipeca. Ese elemento emocional le dio al acto una dimensión distinta: la del reconocimiento que regresa a sus orígenes y que encuentra en Tamaulipas una comunidad académica capaz de valorar el mérito, la disciplina y el servicio público.
La presencia del gobernador Américo Villarreal también simboliza la importancia de mantener una estrecha coordinación entre los distintos niveles de gobierno para construir un sistema de salud más eficiente, preventivo y cercano a la población. En tiempos donde los desafíos sanitarios demandan respuestas integrales, la colaboración entre universidades, instituciones médicas y autoridades gubernamentales resulta indispensable.
Especial relevancia tuvo la visita del secretario federal a la Facultad de Medicina de Tampico, donde pudo constatar el fortalecimiento académico y tecnológico que impulsa la UAT en la formación de nuevos profesionales de la salud. Las áreas de simulación clínica, capacitación médica y desarrollo científico muestran que la educación pública puede avanzar cuando existe visión institucional y voluntad de transformación y en donde por cierto fue acompañado en este recorrido previo al evento por la doctora Adriana Marcela Hernández Campos, Secretaria de Salud y egresada de esta facultad.
La entrega del Doctorado Honoris Causa a David Kershenobich no solo enaltece a quien lo recibe; también prestigia a la Universidad Autónoma de Tamaulipas y proyecta a la entidad como un espacio donde la academia reconoce el talento, impulsa el conocimiento y fortalece la esperanza de un sistema de salud más humano y más justo para todos.
DOS.- La dirigencia de la Sección 30 del SNTE en Tamaulipas parece haberse convertido en una franquicia personal donde la democracia sindical quedó archivada hace décadas. A sus casi ochenta años, Arnulfo Rodríguez Treviño, originario de Charcas, pero avecindado en Texas, insiste en mantenerse al frente del sindicato “el tiempo que sea necesario”, como si el magisterio tamaulipeco fuera propiedad privada y no una organización que debería representar los intereses de miles de maestros cansados del cacicazgo y la simulación.
Lo verdaderamente grave no es solo la edad del dirigente ni su evidente desgaste político; lo preocupante es la normalización de una cultura sindical donde perpetuarse en el poder parece más importante que rendir cuentas. Arnulfo ya no habla como un líder moderno ni como un representante de las nuevas generaciones docentes. Habla como los viejos caudillos sindicales del siglo pasado: obediencia absoluta al centro, control interno y herencia política disfrazada de “estabilidad”.
Mientras las escuelas enfrentan carencias, los maestros padecen rezagos laborales y la educación pública exige modernización, el comité seccional vive atrapado en la lógica del negocio político. Durante años, la dirigencia sindical se ha dedicado más a negociar posiciones, cuotas de poder y privilegios con los gobiernos en turno que a defender auténticamente a la base trabajadora. La Sección 30 dejó de ser un contrapeso para convertirse en una oficina alterna del poder político.
Por eso no sorprende que Arnulfo Rodríguez declare que se quedará hasta que “su líder nacional” lo determine. La frase retrata con crudeza el verdadero problema del sindicato: la voluntad de los maestros importa menos que los acuerdos cupulares. La democracia sindical queda subordinada al cálculo político y a los intereses de quienes han hecho del SNTE un instrumento de negociación personal.
Peor aún es el descarado intento de heredar el control a su círculo cercano. El guiño político hacia Ulises Ruiz Pérez revela que la sucesión ya se cocina entre pasillos y complicidades, no entre la libre decisión de la base magisterial. Se habla de renovación, pero se impulsa más de lo mismo: operadores reciclados, leales al grupo en el poder y alejados de las necesidades reales del magisterio.
El problema no es únicamente Arnulfo Rodríguez Treviño. El verdadero desgaste está en un comité seccional que durante años aprendió a sobrevivir gracias a su cercanía con el poder, intercambiando silencio por privilegios y disciplina por algunas posiciones administrativas. Mientras miles de maestros enfrentan incertidumbre laboral, burocracia y abandono, la dirigencia continúa administrando cuotas, favores y abonando a negocios internos.
La Sección 30 necesita una sacudida democrática urgente. Los maestros merecen dirigentes que representen ideas, no cacicazgos; líderes que defiendan derechos y no intereses personales; representantes que entiendan los desafíos educativos actuales y no políticos envejecidos aferrados al pasado, que ni cachan, ni dejan batear, pero la votación directa será la clave.
Porque cuando un sindicato pierde la capacidad de renovarse, deja de servir a sus agremiados y comienza únicamente a servir a quienes se benefician del poder. Y en Tamaulipas, esa factura ya la están pagando miles de maestros que observan cómo su dirigencia se aferra a la silla mientras la educación pública sigue esperando verdadera representación.
TRES.-Frente al preocupante incremento de la violencia en los espacios escolares, resulta acertada y necesaria la decisión de la Secretaría de Educación de Tamaulipas de fortalecer las acciones preventivas mediante el programa “El ABC de las emociones”. Más allá de tratarse de una nueva estrategia pedagógica, el proyecto representa un reconocimiento de una realidad que ya no puede ignorarse: la escuela no sólo debe formar estudiantes académicamente preparados, sino también ciudadanos emocionalmente sanos y capaces de convivir en paz.
El anuncio realizado por el secretario de Educación de Tamaulipas Angel Valdez García, coloca sobre la mesa un tema que durante años fue minimizado en el sistema educativo: el deterioro de la convivencia escolar y el impacto que tienen las emociones mal gestionadas en la conducta de niñas, niños y adolescentes.
Hoy las escuelas enfrentan fenómenos cada vez más complejos. La violencia física entre estudiantes, el acoso escolar, las amenazas difundidas en redes sociales y la influencia de retos virales son señales de alerta que obligan a replantear el papel de la educación pública. Ya no basta con enseñar matemáticas, historia o ciencias; también es indispensable educar para la convivencia, la empatía y el respeto.
En ese contexto, el programa “El ABC de las emociones” representa una apuesta preventiva que merece reconocimiento. Destinar tiempo específico dentro de las escuelas secundarias y preparatorias para trabajar las emociones, involucrar a madres y padres de familia, y capacitar a docentes, demuestra una visión más integral del proceso educativo.
La estrategia impulsada por la SEP y aterrizada en Tamaulipas por la SET busca algo fundamental: recuperar la escuela como un espacio seguro. La frase del secretario Valdez García sintetiza el desafío actual: hacer de los planteles lugares donde las y los estudiantes se sientan protegidos, escuchados y capaces de manejar sus emociones sin recurrir a la violencia.
También es importante destacar que esta política educativa se encuentra alineada con la visión humanista del Doctor Américo Villarreal Anaya, quien ha insistido en fortalecer una educación inclusiva, formativa y enfocada en el bienestar social.
Vale la pena resaltar que ningún programa tendrá resultados inmediatos ni resolverá por sí solo los problemas de violencia escolar. El éxito dependerá también de la participación activa de docentes, directivos, familias y estudiantes. Sin embargo, apostar por la prevención siempre será más inteligente y más humano que actuar únicamente cuando ocurre una tragedia.




