Unidad en torno al SNTE no al dirigente

CORRESPONDENCIA
Por José Luis Castillo
Unidad en torno al SNTE no al dirigente
Lo que hoy ocurre en Tamaulipas con Naif, Abelardo y Enrique, no es una campaña adelantada; es el inicio de un ejercicio de diálogo entre trabajadores de la educación que buscan construir un proyecto para el futuro de la Sección 30 del SNTE. Recorrer los municipios, escuchar a la base y promover la participación son acciones que fortalecen la vida sindical cuando se realizan con respeto a los tiempos estatutarios.
El sindicato es mucho más grande que cualquier dirigente en turno. La unidad debe construirse alrededor del SNTE y de sus agremiados, no alrededor de una sola persona. Si el liderazgo actual no ha logrado cohesionar a la base magisterial, resulta difícil responsabilizar a quienes hoy buscan escuchar y organizar a los trabajadores con una visión distinta.
Las descalificaciones anticipadas, los señalamientos sin sustento y los intentos de desacreditar a quienes aspiran legítimamente a participar solo evidencian un clima de confrontación que no beneficia a nadie. Menos aún cuando se pretende minimizar el papel de los maestros jubilados, quienes han sido parte fundamental de la historia, fortaleza del sindicato y quienes le dieron el triunfo a la actual dirigencia, misma que hoy los cuestiona.
La reforma laboral dejó claro que son las maestras y los maestros quienes decidirán, mediante el voto libre, directo y secreto, quién encabezará el próximo Comité Ejecutivo Seccional. Esa decisión no corresponde a dirigentes, grupos de poder ni intereses externos.
Por ello, sería deseable que el actual secretario general, Arnulfo Rodríguez Treviño, asuma el proceso con serenidad y respeto democrático. Este apenas comienza y será la base quien tenga la última palabra. Si existe confianza en el respaldo de los trabajadores, no hay razón para descalificar ni intentar frenar el debate de ideas.
El magisterio tamaulipeco merece una contienda de propuestas, no de descalificaciones; de unidad, no de divisiones. Porque al final, lo importante no es quién ocupa temporalmente un cargo, sino que el SNTE salga fortalecido y represente verdaderamente la voluntad de sus agremiados, asi de fácil.
DOS.- Por cierto, la confianza no se exige, se gana y en la Sección 30 del SNTE la credibilidad atraviesa uno de sus momentos más bajos. No es un asunto de percepción; basta escuchar a la base magisterial para entender que la desconfianza hacia la dirigencia se ha convertido en el principal obstáculo para cualquier programa que se anuncie en beneficio de los trabajadores.
La nueva convocatoria de becas, lejos de generar entusiasmo, reavivó las dudas. El recuerdo del proceso anterior sigue fresco entre los docentes, quienes cuestionaron la forma en que fueron asignados los apoyos y también otros programas, como el de lentes, que para muchos estuvieron marcados por la discrecionalidad y el favoritismo.
Los señalamientos públicos sobre presuntas irregularidades en la entrega de becas provocaron un desgaste que hasta hoy no ha sido superado. Por eso, cualquier intento de convencer a la base de que ahora todo será diferente resulta insuficiente si no viene acompañado de reglas claras, padrones públicos, criterios transparentes y una rendición de cuentas que no deje espacio a la sospecha.
El problema de fondo ya no son únicamente las becas. El problema es la pérdida de confianza en una dirigencia que, lejos de unir al magisterio, ha profundizado la división y ha permitido que el descontento crezca en prácticamente todas las regiones del estado.
Preciso resaltar que los trabajadores de la educación ya no están dispuestos a aceptar decisiones tomadas desde la cúpula ni beneficios que parezcan repartirse entre grupos cercanos al poder sindical. Exigen igualdad, legalidad y respeto.
Basta de simulaciones, basta de compadrazgos y basta de utilizar programas sociales y prestaciones como herramientas de control político. El sindicato debe volver a representar a los maestros, no a intereses particulares.
TRES.-El rector de la UAT, no se anduvo por las ramas y por lo pronto Dámaso Anaya pone freno a los rumores sobre su salida para ir en busca de una aventura electoral.
Vale recordar que en política, los silencios suelen interpretarse como confirmaciones y los rumores terminan convirtiéndose, para algunos, en verdades anticipadas. Por eso resulta relevante que el rector de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, Dámaso Anaya Alvarado, haya sido claro y categórico al descartar cualquier aspiración política.
Su mensaje no deja espacio para interpretaciones: su prioridad está en la Universidad y en consolidar un proyecto académico que, según las cifras presentadas, registra avances históricos en matrícula, cobertura e infraestructura. Esa definición también sirve para atajar las versiones que, desde hace meses, lo colocaban en distintas quinielas rumbo a futuros procesos electorales.
Mientras otros alimentan la especulación, Anaya optó por responder con resultados. El crecimiento sostenido de la UAT, la ampliación de espacios para miles de jóvenes y la estabilidad financiera de la institución son hoy la carta de presentación de una administración que insiste en mantener el foco en la educación y no en la política.
Dámaso destacó la coordinación institucional con los gobiernos estatal y federal para garantizar el funcionamiento de la Universidad y además el escenario de estabilidad que permite planear nuevas inversiones y ampliar la oferta educativa.
Desde luego, en política nadie puede escribir el último capítulo con demasiada anticipación. Pero, al menos por ahora, el rector decidió cerrar la puerta a las especulaciones y enviar un mensaje directo: su compromiso está en las aulas, los laboratorios y los proyectos de crecimiento de la máxima casa de estudios de Tamaulipas.




