Con las manos limpias, y cero tolerancia

CORRESPONDENCIA

Con las manos limpias, y cero tolerancia

Por José Luis Castillo

UNO. – Si de hacer bien las cosas, de actuar con responsabilidad y de mantener las manos limpias se trata, la advertencia del rector Dámaso Anaya Alvarado es clara y contundente: en la UAT debe existir cero tolerancia a las conductas que vulneren la integridad de los estudiantes.

La postura asumida por el rector frente al caso de la llamada “novatada” merece ser tomada con toda seriedad. No solamente por la gravedad de los hechos que son materia de investigación, sino porque establece un principio que debería prevalecer en cada facultad, en cada campus y ante cualquier circunstancia: nadie puede estar por encima de la normatividad universitaria, ni estudiantes, ni asociaciones, ni grupos internos, ni directivos, hay que decirlo

Las tradiciones, las novatadas, las prácticas de iniciación o cualquier otra actividad que humille, agreda o ponga en riesgo a un integrante de la comunidad universitaria no pueden justificarse bajo el argumento de que “siempre se ha hecho así” o de que se trata simplemente de una convivencia entre jóvenes.

La universidad debe ser un espacio de formación, respeto y desarrollo humano, no un lugar donde se toleren abusos bajo la protección de silencios, complicidades o indiferencia.

Por eso resulta importante que la Rectoría haya instruido la investigación correspondiente y que la institución manifieste su disposición para colaborar con la Fiscalía General del Estado y con la Defensoría de los Derechos Universitarios.

Y vale la pena el caso para advertir, si es que existen facultades o directivos que, por evitar conflictos con estudiantes o con determinadas asociaciones, prefieren hacerse de la vista gorda ante conductas indebidas, es momento de entender que la prudencia no puede convertirse en permisividad.

Mucho menos cuando, por esa misma falta de intervención, pueden surgir conflictos, señalamientos o incluso acusaciones sin fundamento que terminen afectando la reputación de personas que simplemente cumplen con su responsabilidad.

Hay que reconocer que en este caso la autoridad universitaria actua con firmeza, pero también con justicia.

Investigar no significa condenar anticipadamente. Sancionar no significa actuar sin pruebas. Y defender los derechos de un estudiante tampoco significa atropellar los derechos de otra persona.

 

La verdadera institucionalidad consiste precisamente en eso: investigar con imparcialidad, escuchar a todas las partes, reunir evidencias y aplicar la normatividad sin favoritismos.

Por esta razón, el mensaje del rector puede y debe convertirse en una oportunidad para revisar lo que ocurre en todos los espacios universitarios. No solamente las novatadas, sino cualquier práctica que pueda vulnerar la dignidad, la seguridad o los derechos de los estudiantes.

Manos limpias también significa no hacerse de la vista gorda; significa no proteger a nadie por intereses personales o de grupo. Significa no permitir abusos, pero tampoco tolerar acusaciones sin sustento. Significa actuar conforme a la ley y a los reglamentos universitarios, independientemente de quién esté involucrado.

El rector ha puesto el tema sobre la mesa y ha marcado una línea: cero tolerancia. Ahora corresponde que esa línea llegue a todas las facultades y que ningún directivo tenga dudas sobre lo que significa ejercer autoridad con responsabilidad y haga lo que debe.

DOS. – Los tiempos políticos comienzan a moverse en Tamaulipas y, como suele ocurrir como en otras ocasiones, cuando se aproximan procesos electorales, los nombres empiezan a circular, las aspiraciones toman forma y quienes ocupan actualmente cargos públicos comienzan a valorar la posibilidad de buscar una candidatura.

El gobernador Américo Villarreal Anaya ha reconocido que al menos dos o tres integrantes de su gabinete podrían dejar sus responsabilidades para participar en el proceso interno de Morena rumbo a las elecciones de 2027. También existen diputados locales que han mostrado interés por competir por alguna de las 43 presidencias municipales o por una diputación.

Y aunque será “el partido”, quien establezca los tiempos, las reglas y los mecanismos para definir a sus candidatos, hay algo que no debería quedar sujeto únicamente a encuestas, acuerdos políticos o mediciones de popularidad: la calidad humana y la trayectoria de quienes aspiren a representar a los tamaulipecos.

La experiencia política es importante, sin duda. Conocer la administración pública, tener capacidad de gestión y entender las necesidades de una comunidad son atributos que deben valorarse. Pero la experiencia, por sí sola, no garantiza un buen gobierno.

Tamaulipas necesita mujeres y hombres honestos, trabajadores, responsables y con una trayectoria limpia, personas que puedan presentarse ante la ciudadanía sin cuentas pendientes, limpiecitos, sin manchas, sin señalamientos que comprometan su credibilidad y, sobre todo, con la tranquilidad de haber servido con rectitud.

Ahora que quienes busquen una candidatura en 2027 no solamente estarán solicitando el respaldo de un partido; estarán pidiendo la confianza de los ciudadanos y ahí es donde también el ciudadano evaluará si merecen ser apoyados o bien mandarlos a la lona.

La confianza no se construye de la noche a la mañana ni se obtiene únicamente con presencia territorial, publicidad o relaciones políticas. Se construye con años de trabajo, con resultados y con una conducta pública y privada que permita a la sociedad mirar al candidato y decir: “en esta persona sí puedo confiar”.

En los próximos meses seguramente veremos aparecer nuevos aspirantes y también personajes conocidos que buscarán dar el siguiente paso en su carrera política. Será responsabilidad de los partidos seleccionar a sus mejores perfiles, pero también será responsabilidad de la ciudadanía observar, comparar, preguntar y decidir.

Hay que auto preguntarnos desde ahora, ¿Quién ha trabajado realmente por su municipio o distrito? ¿Quién ha dado resultados desde el cargo que ocupa? ¿Quién ha administrado con honestidad? ¿Quién puede acreditar una trayectoria limpia? ¿Quién llega a la contienda sin culpas ni cuestionamientos que puedan convertirse después en problemas para la administración pública?

Lo cierto es que el 2027 no debe convertirse simplemente en una competencia por posiciones políticas. Debe ser una oportunidad para que Tamaulipas elija a sus mejores mujeres y hombres para gobernar los municipios y representar a la sociedad en el Congreso.

Los nuevos tiempos de la política podrán exigir experiencia, pero los tiempos de la sociedad exigen honestidad y quien aspire a gobernar o legislar debe entender que la ciudadanía ya no solamente quiere discursos: quiere resultados, transparencia y servidores públicos que lleguen a las boletas con las manos limpias.

De ahí la importancia de que quienes decidan competir lo hagan con la frente en alto, libres de pecado y de culpa, como se dice coloquialmente; con una trayectoria que resista el escrutinio público y con la certeza de que su mejor carta de presentación no será una fotografía, un padrino político o una encuesta, sino su propia historia, así de fácil.

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